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El espectacular avión de Donald Trump

Donald Trump no puede esperar a ser el hombre más poderoso de la Tierra y del aire (lo sería en caso de ganar las elecciones del 8 de noviembre) y acaba de remodelar su avión privado para que ya tenga espíritu presidencial. O al menos lo que él entiende por ello. Su avión privado ya ha recibido el sobrenombre de Trump Force One, algo que probablemente haya sido idea suya porque Donald se caracteriza por su afición a poner su nombre en todas partes: los edificios que posee, las botellas de agua para su equipo de trabajo y hasta el exterior del avión privado en cuestión.

Lo que quiere Trump es competir desde ya con el avión del presidente de los Estados Unidos, un emblema de la identidad nacional. Conocido como Air Force One (aunque los controladores aéreos emplean el nombre en clave Angel), esta aeronave tiene muchas más funciones que las de llevar al presidente de un país a otro desde que en 1962, en plena Guerra Fría, John Fitzgerald Kennedy mandó construir su propio método de trasporte.

El Air Force One actual es un infranqueable fuerte militar con alas que está protegido con un sistema electromagnético en caso de ataque nuclear. Si gana las elecciones, el por ahora candidato republicano tendrá que dejar aparcado el Trump Force One durante los que sin duda serían los 4 años más impredecibles y mediáticos de la política mundial reciente. ¿Saldrá ganando con este cambio de aviones? Vamos a compararlos…

El más caro

Donald Trump compró su avión privado por 90 millones de euros en 2009. Se trata de un Boeing 757-200 y está considerado uno de los mejores aviones privados del mundo. El anterior dueño de la aeronave (construida en 1991 para una aerolínea mexicana) fue el co-fundador de Microsoft, Paul Allen. La construcción del Air Force One, estimada en unos 300 millones euros, no saqueó los bolsillos de ningún presidente: fue costeada con fondos públicos. Además, hay que tener en cuenta que en realidad hay dos Air Force One idénticos, para así asegurar su disponibilidad en todo momento. Con este coste total de 600 millones entre los dos aviones, el del presidente es el segundo avión privado más caro del mundo (el Trump sería el sexto), sólo por detrás de los 660 millones que cuesta el avión militar B-2 Spirit, capaz de neutralizar armas nucleares. Estados Unidos tiene 20 de estos.

La hora de vuelo más prohibitiva

Cada hora en el aire le cuesta a Trump algo más de 7.000 euros, calderilla considerando que su fortuna se estima en casi 10.000 millones. Pero la envergadura y recursos del Air Force One (un Boeing 747-200B) requiere una inversión mucho mayor: 160.000 euros por cada hora de vuelo. La ventaja, obviamente, es que el coste de mantenimiento, al igual que el de construcción, sale del dinero del contribuyente.

El más rápido

Aunque por poco, el Air Force One supera en velocidad al fastuoso Trump Force One. El avión de la Casa Blanca puede alcanzar una velocidad máxima de 1.136 km/hora, mientras la aeronave de Trump no tiene capacidad para pasar de los 1.062 km/hora. 74 km/hora son los que marcan la diferencia entre ser el presidente de Estados Unidos y ser el aspirante a gobernarlo.

El más lujoso

Sin duda el Trump Force One es mucho más ostentoso que el Air Force One. Donald Trump lo considera una extensión de la marca Trump y por eso no reparó en gastos para instalar cinturones de seguridad de oro de 24 quilates, a juego con los grifos del baño, los pomos de las puertas y la cadena del váter. El escudo de los Trump decora todas las puertas y la cara de Donald aparece hasta en las botellas de agua. Las cortinas son de seda, los muebles de madera de nogal y los motores de Rolls Royce. El Air Force One es algo más minimalista, aunque la encargada de decorarlo (la por entonces primera dama Nancy Reagan) se inspiró en estilos sureños con el consiguiente gusto por lo recargado. Los muebles, hechos de madera de grano fino, reciben una capa de cera a la semana para que esta Casa Blanca en las alturas vuele como la insignia de la potencia norteamericana que en realidad es.

Las comparaciones con el Air Force One de Obama no se han hecho esperar.

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El que más tiempo aguanta en el aire

El Air Force One tiene un plus con el que no cuenta el Trump Force One: ofrece la posibilidad de repostar en el aire, tal y como descubrimos en aquella película con Harrison Ford titulada muy elocuentemente Air Force One. El avión del presidente (Wolfgang Petersen, 1997). Esta capacidad permite al Air Force One volar sin aterrizar durante 11.000 kilómetros. Sin embargo, el equipo de seguridad del presidente prefiere hacer paradas para reorganizarse, como sucedió en el 11 de septiembre de 2001. George Bush fue escoltado de la escuela infantil de Florida donde se encontraba leyendo un cuento a unos niños y aterrizó de forma preliminar primero en Louisiana y después en Nebraska (donde leyó su comunicado a la nación) antes de volar a Washington.

El más grande

Los 70 metros de largo del Air Force One no sólo son más impresionantes que los 47 del Trump, sino que permiten que el interior albergue un total de 270 metros cuadrados hábiles divididos en tres niveles. Esto le convierte en uno de los aviones más grandes del mundo. El Air Force One tiene capacidad para albergar 70 pasajeros, evidentemente en absoluto hacinados como en una low-cost sino bien cómodos, aunque no tanto como los del Trump. Los invitados del candidato republicano pueden convertir su asiento en una cama y ver lo que quieran en las pantallas individuales. Dadas sus enormes dimensiones, cuando Donald viaja a Nueva York el Trump Force One sólo puede aterrizar en el aeropuerto de La Guardia, en Queens, que el candidato republicano definió como “tercermundista”. Y él debe de saberlo bien porque nació en ese barrio neoyorquino.

El mejor equipado

El presidente gana otra vez al, de momento, aspirante republicano a la presidencia de Estados Unidos. En el Air Force One, Obama tiene a su servicio un gimnasio, un hospital y dos cocinas equipadas para preparar 100 menús distintos, además de un cableado de 238 kilómetros para mantener las 80 líneas telefónicas distintas que incluye. El Trump, por su parte, tiene un dormitorio principal, otro de invitados, una sala de reuniones, un bar y una zona de esparcimiento que incluye una televisión de 52 pulgadas con las películas favoritas de Donald Trump. Entre ellas se encuentran dos que definen su personaje a la perfección: Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941) y Contacto sangriento (Newt Arnold, 1988). Sí, la de Van Damme. / El Pais

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